Talcott Parsons y el enfoque estructural funcional

Jorge González Rodarte

1. Introducción

Sociólogo estadounidense, Talcott Parsons nació en 1902 en el estado de Colorado en una familia de clase media religiosa e intelectual. El padre fue eclesiástico y profesor universitario. Parsons hizo estudios de Biología en la licenciatura para después realizar un doctorado en Economía en Inglaterra, lugar en donde la influencia de la obra del antropólogo social Bronislaw Mallinowski lo orienta cada vez más hacia las ciencias sociales. Posteriormente le ofrecen un cargo de profesor en la Universidad de Heidelberg, en Alemania, donde realiza otro doctorado presentando una tesis en la que discute sobre el concepto de capitalismo en la obra de Marx, Sombart y Weber (de este último años más tarde Parsons traduciría al inglés algunas de sus obras centrales). En 1927 es contratado por la universidad de Harvard en donde permanecería hasta su muerte en 1979.

A su regreso a los Estados Unidos Parsons profundiza en sus estudios sobre la teoría económica en la obra de Alfred Marshall y la teoría sociológica en la obra de Pareto, Durkheim y Weber. Fruto de este trabajo es la publicación, en 1937, de una de sus obras capitales, La estructura de la acción social, en la que da a conocer al público estadounidense a los grandes teóricos de la sociología europea, al mismo tiempo que sienta las bases para el desarrollo de su propia teoría. A partir de esta obra la influencia de Parsons sobre la sociología estadounidense se hace cada vez más importante y, en el Departamento de Sociología de Harvard —en donde funda el Departamento de Relaciones Sociales desde 1946—, se forman varios de los más importantes investigadores sociales de la época, entre los que destacaba Robert K. Merton, los cuales difundirán el enfoque estructural funcionalista a las principales universidades del país.

Mientras tanto Parsons orientará su atención al estudio de la obra de L.J. Henderson en fisiología y S. Freud en psicología, publicando numerosos estudios sobre instituciones específicas de la estructura social como las profesiones y la familia, a través de los cuales construirá su teoría de la socialización. En 1951 publica la obra que lo convertirá en la figura más destacada de la sociología estadounidense, El sistema social. A partir de la década de los sesenta Parsons se convierte en objeto de la crítica de los nuevos sociólogos inmersos en las corrientes de la izquierda académica y política, ubicándolo como el representante de una teoría conservadora y opuesta al cambio social, aunque lo suficientemente importante como para mantenerla como interlocutora en la discusión teórica contemporánea. Después de la muerte de Parsons, resurge el interés mundial en su obra, que sigue siendo hasta el momento una de las más influyentes dentro de las ciencias sociales de la actualidad. 1

2. El funcionalismo

El punto de vista funcional es más antiguo en biología, psicología y antropología cultural que en sociología. La biología es una ciencia organizada en torno a la idea de que cada órgano, o parte del sistema llamado organismo, realiza una o varias funciones esenciales para la conservación del organismo y/o de la especie a la cual pertenece, subrayándose el principio de la interdependencia de los órganos. En suma, se concibe el organismo como un sistema de componentes funcionalmente interrelacionados, precisando, con el concepto de homeostasis, que los organismos vivos organizan sus funciones en vista del valor-objetivo de la sobrevivencia y de la reproducción.

En psicología, a fines del siglo XIX y principios del XX diferentes escuelas analíticas describieron laboriosamente las partes componentes del proceso mental (tales como cognición, emoción y volición). Iniciada con anterioridad, pero llegada a la plenitud de su desarrollo entre 1920 y 1940, surgió la influyente escuela de la Gestalt (configuración), que sostenía que todo elemento del proceso mental, si ha de obtenerse un conocimiento verdadero de él, debe ser estudiado en relación con el todo del cual forma parte, porque el sentido de cada elemento varía de acuerdo con la configuración a la que pertenece. Así, una configuración se define autónomamente cuando tiene leyes propias de equilibrio que es lo que permitirá la percepción de sus constituyentes (Kruger y Volkt).

En antropología, Malinowski y Radcliffe-Brown clarifican el nexo entre función y estructura por medio del análisis de sistemas sociales concretos, considerando que la función de una acción es el aporte que ésta da a la reproducción del conjunto de las estructuras de las que es parte. Dicho de otra manera, la explicación de toda manifestación de cultura se encontrará en lo que se supone para el todo y, correlativamente, en relación con su interdependencia con las otras manifestaciones que forman la cultura.

En sociología, las ideas de la integración de las partes en totalidades y de la interdependencia de los diferentes elementos de una sociedad los podemos encontrar en el «consensus universalis» de Comte, en la preocupación de Spencer por la integración como compensadora de la diferenciación, en la concepción de Pareto de la sociedad como sistema de equilibrio y como maquinaria que reproduce sus propias condiciones de existencia usando las voluntades individuales y al mismo tiempo prescindiendo de ellas (Marshall: sistema económico). Sin embargo, las relaciones más directas las encontramos con Durkheim, quien produjo la superación del utilitarismo individualista y la acentuación de la función integradora de cultura e instituciones, y con Weber, quien clarificó el nexo entre sentido y racionalidad en la acción social, demostrando la posibilidad, metódicamente fundamentada, de procedimientos de abstracción en el análisis social. En conjunto estas ideas llevan a subrayar la primacía del contexto sobre la acción, del sistema sobre sus componentes, y a poner de relieve en particular las funciones integradoras y adaptativas que hacen posible la sobrevivencia. Así, el enfoque estructural-funcional estudia los fenómenos sociales como operaciones o efectos de estructuras sociales específicas, tales como los sistemas de parentesco o los de clases. 2

3. La estructura de la acción social

La teoría de la acción de Parsons parte de la unidad-acto individual según el modelo de Weber, que supone un fin o estado futuro al que se dirige la acción, la que tiene lugar dentro de una situación que contiene las cosas que el actor no puede controlar (condiciones) y las que sí puede controlar (medios). Estos dos elementos se integran como sistemas de expectativas estructuradas, de arreglos institucionales, de normas y valores que determinan la elección de los medios para alcanzar los fines. La prioridad la tiene el sistema de valores compartido que debe ser analizado como sistema de interacción en donde la acción individual es una función del conjunto determinada por el papel (el rol, la conducta organizada) y la posición (el estatus, el lugar jerárquico). Actuar es representar un papel: lo que el sujeto lleva a cabo en sus relaciones con los otros en el contexto de su significado funcional dentro de un sistema social.

Según Parsons, esta conducta voluntaria de acuerdo al esquema medios-fines debe ser analizada a partir de: 1) el papel (rol, conducta, aspecto dinámico); 2) la posición (estatus, lugar, aspecto estático); y 3) las normas institucionales (expectativas estructuradas). El sujeto o actor que lleva a cabo una acción está siempre actuando un papel: lo que el sujeto lleva a cabo en sus relaciones con los otros, en el contexto de su significación funcional dentro de un sistema social. La acción es social en cuanto las necesidades individuales se socializan, es decir, asumen una forma coherente con los modelos de valor compartidos, los cuales son institucionalizados en sistemas sociales y culturales e internalizados en personalidades y organismos. Parsons parte de la «unidad-acto» individual según el modelo weberiano, pero asignando la primacía al papel y al sistema de valores compartido, acentuando cada vez el concepto de sociedad como sistema, de la que la acción individual es una función. Así, la sociedad no es más que un medio para el logro de los fines individuales, pero estos últimos, en cuanto prestadores de una función, se convierten en medios para el logro de los fines de la sociedad, y en primer lugar del de su sobrevivencia autorregulada. 3

La acción es social en cuanto las necesidades individuales se socializan, es decir, asumen una forma coherente con los modelos de valor compartidos, los cuales son institucionalizados (colectivizados) en sistemas sociales y culturales e internalizados (individualizados) en personalidades y organismos. La institucionalización supone lo que Parsons llama «una estructura dual de vinculación» del proceso de interacción, en donde lo que hace un actor (al que llama «Alter») se verá afectado por el hecho de que necesita la acción de otro actor (al que llama «Ego»), por razones instrumentales, pero también por razones afectivas, en la medida que comparten la necesidad de adecuarse a una norma. Por esto tanto los fines como los medios que pueden emplearse y, por tanto, las acciones que se consideran permisibles, quedan sujetos al control normativo.

El estudio de la acción social elabora las secuencias de acontecimientos desde lugares intermedios en un continuo o escala: por una parte el caso institucionalizado, en el que existe un acuerdo respecto a unos fines legítimos y respecto a las normas que rigen los medios apropiados para llevarlos a cabo, donde Ego comunica plenamente sus expectativas a Alter, quien hace lo que de él se espera tanto por deseo de recibir la aprobación, como porque la acción exigida le satisface instrumental y normativamente. En el extremo opuesto, en una situación de desviación de la conducta esperada, tendríamos los casos extremos de perturbación, sin comunidad de fines ni consenso normativo sobre los medios apropiados, y sin que Ego pueda comunicar sus expectativas. La institucionalización tiende a la plena colaboración, a la permanencia y el orden, que constituye uno de los extremos teóricos, o tipo ideal dentro de un continuo cuyo extremo opuesto sería el polo no cooperativo, cambiante y conflictivo, aquel donde los «patrones de valores» no son compartidos ni se cumplen las expectativas: la total anomia. En el estudio de los casos reales la relación entre estos polos varía de manera independiente diferenciando un caso de otro. 4

El interés teórico de Parsons se dirigió fundamentalmente al primer aspecto, hacia el análisis de la estructura ordenada de la sociedad, ya que consideraba que más importante que describir los cambios que se producen en los sistemas de variables, lo era aislar y describir antes las variables y sus posibles combinaciones, por lo que el problema central de la teoría sociológica era el problema del orden, considerado como una condición necesaria para la vida. La institucionalización debe ser considerada como el mecanismo unificador fundamental de los sistemas sociales, porque comprende a la vez la conversión en normas de las pautas de valor y la interiorización de los sistemas de valores en la personalidad humana, siendo el proceso integrador y estabilizador por excelencia al formar un fuerte vínculo entre la sociedad y la cultura por un lado, y la personalidad y la motivación para la acción por el otro.

Así, en la concepción de Parsons, la sociedad no es más que un medio para el logro de los fines individuales, pero estos últimos, en cuanto prestadores de una función, se convierten en medios para el logro de los fines de la sociedad, y en primer lugar del de su sobrevivencia autorregulada. Las innumerables funciones que han de ser satisfechas en cada sistema social para que pueda existir se desarrollan dentro de unas estructuras, subsistemas de acción que implican otros papeles o conjuntos de papeles interactuando con base en unas normas. El nexo estructura-función no es mecánico, en el sentido de que una estructura puede desempeñar más funciones o una función ser satisfecha por diversas estructuras. Estas posibles combinaciones o alternativas funcionales hacen posible el cambio, pero en cada sistema están contenidas dentro de ciertos límites, fijados por la naturaleza de las estructuras disponibles. 5

4. El sistema social

Para Parsons un sistema social debe ser definido como una pluralidad de actores individuales que crean una red de acciones interactiva, cada uno movido por la tendencia a la satisfacción óptima y cuya relación con esta situación se define de acuerdo con un sistema de normas culturalmente estructuradas y compartidas. La reconstrucción de los nexos entre acción y sistema se realiza por medio del concepto de variables pauta (pattern variables), que se refieren tanto a la actitud de las personas frente a los demás y a las necesidades propias y ajenas, como al tipo de valores y normas imperantes en su grupo social, así como a lo que se espera de una relación interpersonal, y qué cualidades se valoran a la hora de asignar recursos y recompensas en el ámbito societal. Se trata entonces de una reconstrucción sistemática y exhaustiva de las posibles orientaciones alternativas de la acción: 1) afectividad contra neutralidad afectiva: la norma es afectiva si permite la satisfacción inmediata del interés del actor, pero afectivamente neutral si impone disciplina y pide renunciar en favor de otros intereses; 2) egoísmo contra interés colectivo: las normas sociales pueden definir como legítima la persecución de los intereses privados del actor, u obligarlo a actuar en interés del grupo; 3) universalismo contra particularismo: la primera se refiere a las normas de valor que están altamente generalizadas, mientras que la segunda a las que tienen valor para un actor particular en relaciones particulares con objetos particulares; 4) prestación contra cualidad (logro contra adscripción): puede atribuirse importancia ya a la consecución de ciertos fines (realización), o a los atributos de la otra persona, por el hecho de que es esto o lo otro, por ejemplo, padre del actor, médico, etc.; 5) especificidad contra difusión: puede definirse específicamente un interés, de suerte que no se suponga que existe ninguna obligación fuera de los límites así señalados; o de un modo difuso, de suerte que pueda suponerse que las obligaciones van más allá de la definición expresa. 6

En la acción prevalece una u otra de las alternativas arriba señaladas, o sea, se pueden construir sistemas de papeles basados en la primacía de una determinada combinación de alternativas. Por ejemplo un sistema basado en la neutralidad afectiva, la orientación universalista y la prestación puede ser un sistema de papeles profesionales. En cada sociedad determinada prevalecerá un cierto tipo de combinaciones; por ejemplo en una sociedad tradicional las orientaciones serán particularistas, afectivas y dirigidas a la cualidad de la persona, no a sus prestaciones. Así las alternativas emparejadas describen el paso de una sociedad tradicional a una moderna. No se trata de alternativas entre las que el sujeto pueda escoger, sino de estructuras que satisfacen funciones diversas. En el interior de un modelo evolutivo del sistema social basado en la creciente diferenciación interna (crecimiento de los subsistemas especializados para la satisfacción de funciones determinadas) aumentan los intercambios entre subsistemas y entre el sistema social y su ambiente (la naturaleza, otras sociedades, etcétera); esto es, se intensifican los procesos sociales. La complejidad de estos últimos exige cada vez más la primacía de las funciones que integran y «dirigen» el sistema en su conjunto.

Los imperativos funcionales fundamentales para la sobrevivencia (reproducción) de un sistema social según Parsons son: 1) el adaptativo (hacia el exterior) que se ocupa de la movilización de los servicios y produce el equipo general llamado ingreso; 2) el integrativo (nexos entre los subsistemas constituyentes) que produce un sentido de comunidad y solidaridad; 3) el del logro de objetivos y consecución de metas (vínculo entre motivaciones subjetivas y fines del sistema) que produce el recurso del poder; 4) el del mantenimiento del esquema latente de valores (conservación de las pautas y gestión de la tensión) que produce orientaciones valorativas de las cuales dependen la unidad y la constancia en el tiempo del sistema. Estas funciones están en relación con subsistemas funcionales especializados: el organismo biológico, el sistema «social», el sistema de la personalidad, el sistema de la «cultura». La sociedad como sistema social es parte de un sistema más amplio y estratificado de acción. A su vez el sistema social reproduce en el interior de sí mismo la diferenciación de las estructuras que satisfacen los cuatro problemas funcionales; siempre en este orden, los subsistemas que lo constituyen son: el económico, el de la división del trabajo, el político y el normativo (instituciones que transmiten y legitiman valores). Se trata de un orden jerárquico, en el cual el mantenimiento del equilibrio del sistema está confiado al subsistema normativo. Este modelo de imperativos funcionales se le conoce con el nombre del esquema AGIL: (A) adaptación, (G goal attainment) capacidad para alcanzar metas, (I) integración y (L) latencia o mantenimiento de valores y puede ser aplicado tanto en un nivel analítico micro como en uno macro. 7

La idea de sistema permite aislar, en relación con un ambiente concreto, conjuntos de acciones, sujetos, funciones y normas sociales, en cuanto elementos constitutivos de un sistema. Este existe como resultado del conjunto de las funciones que comprende, pero también es cierta la proposición formulada en sentido contrario: los sujetos y las acciones existen porque se da el sistema. El sistema es un gran reductor de la complejidad social en cuanto excluye una serie de posibilidades y permite la actualización de una serie de alternativas. Pero el sistema es también un multiplicador de todos los aspectos de la acción y por lo tanto se puede decir que vive de la tensión entre reducción y potenciación de la complejidad. Por eso el cambio le es inherente.

Según Parsons en todas las sociedades estas funciones siempre aparecen, aunque en formas distintas, en combinatorias específicas y con distinto grado de diferenciación y especialización. Estos elementos siempre presentes pueden ser observados en las sociedades concretas bajo la forma de agrupamientos empíricos u ordenamientos institucionales, que son conjuntos de relaciones ligados a la satisfacción de necesidades básicas tanto de las unidades de los sistemas como de las sociedades mismas, y que aparecen bajo la forma de organizaciones pautadas normativamente. En su libro El sistema social, Parsons analiza cuatro de estos agrupamientos empíricos: los sistemas familiares; las estructuras adquisitivas instrumentales y estratificación; la religión y los valores; y la territorialidad, fuerza e integración del sistema de poder.

La familia aparece como la primera unidad socializadora, proveedora de un marco de referencia normativo, de un conjunto de prescripciones y prohibiciones integrados en la función reguladora de las relaciones sexuales; y de la necesaria provisión de afecto y servicios básicos para la supervivencia. La familia es también la primera forma de asignación de estatus por adscripción, ya que las relaciones del individuo con la estructura social están mediadas inicialmente por la relación de la unidad familiar con el mundo exterior.

Las religiones son creencias no empíricas que tratan problemas morales de la acción humana, de la vida y de la muerte, y del bien y del mal, y cuya aceptación implica necesariamente obligaciones morales que forman parte de una ética social, por lo que las creencias religiosas se encuentran institucionalizadas como parte del sistema de roles de la colectividad.

La estratificación se refiere a la «jerarquización de unidades en el sistema social de acuerdo con los criterios del sistema común de valores». Parsons habla de unidades porque los actores que interactúan también participan en otros sistemas sociales, por lo tanto lo que se evalúa y jerarquiza en cada sistema social son los roles y estatus concretamente involucrados, no los actores como individuos. De esta manera, para Parsons la autoridad es un poder más firmemente institucionalizado que los demás y que en general se adjudica a los más altos rangos de la estratificación, por lo que el poder es concebido como un recurso que ha de ponerse en las manos de los que trabajan para alcanzar metas sistemáticas, la primera de las cuales sería la idea del consenso normativo. 8

5. Cierre

En sus obras de madurez Parsons retomará a Durkheim y Freud orientando su interés hacia el desarrollo de la Teoría General de Sistemas (Von Bertalanffy) de filiación biológica y cibernética, hacia el análisis cada vez más complejo sobre los criterios y condiciones de posibilidad de la racionalidad social construido por el empirismo lógico, y por el desarrollo de la sociología de las organizaciones complejas. Para Parsons el desarrollo de las modernas sociedades industriales con su mayor complejidad y autonomía de estructuras tiene su necesaria correspondencia en el crecimiento del saber científico sobre la naturaleza y la sociedad. No por casualidad las referencias más importantes se hacen respecto a los sistemas biológicos o ecológicos y a aquellas formas de organización social de la acción racional en función de objetivos (aunque no terminen ahí sus funciones) como son las empresas y en general las llamadas organizaciones formales, proyectadas conscientemente como sistemas.

Al tiempo que Parsons se convertía en el personaje más influyente de la sociología estadounidense, también era el más criticado. Por una parte, desde la ortodoxia estructural funcionalista, por su avance cada vez más decidido hacia la teoría de sistemas. Por la otra, desde el historicismo europeo, por su insistencia en el análisis descriptivo, en detrimento de un enfoque prescriptivo, reformador.

Después de su muerte y a partir de los años ochenta, los científicos sociales marxistas y humanistas europeos adoptan el modelo analítico y categorial de los sistemas de acción con lo cual la discusión teórica gana precisión, y la investigación empírica, eficacia. Se avanza en la homogeneización del lenguaje especializado y se dejan atrás las discusiones doctrinales sobre la preeminencia de tal o cual esquema categorial, al tiempo que se adopta el enfoque sistémico que selecciona y construye sus instrumentos analíticos a partir de las necesidades mismas del estudio y de las condiciones societales que hacen posible y pertinente la investigación. La teoría social contemporánea se ubica entonces en dos planos interrelacionados: un plano normativo, idealista, de prescripción de principios éticos, valores y orientaciones de largo plazo; así como el plano empírico, realista, descriptivo de los hechos producidos por la interacción de individuos y colectividades.

En las obras de Parsons se puede seguir gradualmente el desarrollo del segundo plano, que configura una concepción de la sociedad que por mucho tiempo proporcionará un lenguaje común a los científicos sociales. Conceptos como sistema, estructura, proceso, función, institución, interacción, objetivo, valor, integración, adaptación, papel, estatus, conflicto y cambio, pero sobre todo la imagen de una sociedad como conjunto constituido jerárquicamente por subsistemas en los que la acción está «ordenada» por procesos continuos de institucionalización, se hicieron comunes y aceptados gracias a la síntesis y a la articulación categorial producida por el funcionalismo estructural. Para Parsons el orden es el problema —no el imperativo— fundamental de la sociología, y es una condición para la existencia de las sociedades. Sin embargo en sus estudios sobre los agrupamientos empíricos u órdenes institucionales (las profesiones médicas, los académicos universitarios, la familia) centraría su análisis en las formas en que los mecanismos para imponer orden operaban sobre los conflictos incipientes tratándolos de eliminar. Por lo tanto su modelo analítico también sentaba las bases para una teoría del conflicto y del cambio social. Esto no fue reconocido por Parsons, ni por sus críticos.

Notas

  1. Parsons, T. «La teoría de los sistemas sociales: una historia personal», en Biografía intelectual. pp. 7-79; Ritzer, G. Teoría sociológica clásica. pp. 393-421.

  2. Buckley, W. La sociología y la teoría moderna de los sistemas. pp. 13-68.

  3. Parsons, T. El sistema social. Alianza Editorial. Madrid, 1988.

  4. Parsons, T. El sistema social. Capítulo 7.

  5. Parsons, T. La sociedad. pp. 15-48.

  6. Parsons, T. El sistema social. Capítulos 2 y 3.

  7. Parsons, T. La sociedad. pp. 15-48.

  8. Parsons, T. «La estructura social de la familia», en La familia. pp. 31-65.