La Acción Social 1
Jorge González Rodarte
1. Introducción
El conocimiento científico trata de explicar la realidad, entendida como el modo de ser de las cosas en cuanto existen fuera de la mente humana e independientemente de ella. La realidad, considerada como objeto de estudio (objetividad), significa que los hechos de la naturaleza y la sociedad tienen una existencia material independiente del hombre, y que el sentido su existencia está determinado por los limites de la intervención humana, tanto en lo que se refiere a la apropiación y transformación física material (producción y tecnología), como en la construcción de modelos teóricos para la explicación de los procesos físico-químicos y sociales (ciencia y filosofía).
Para el individuo la realidad está constituida por una constante de interacciones entre él y los demás individuos, y entre él y los demás individuos con la naturaleza. Estas interacciones las percibimos como hechos que, en la medida que se repiten, tienden a formar patrones de conductas y entramados complejos para las prácticas individuales y colectivas.
Los hechos tienen un significado. Descubrir ese significado es conocerlo. Conocer es siempre un permanente descubrir, relacionar y construir objetos compuestos y relaciones entre objetos, así como los símbolos y nombres que los designan. Para conocer, los individuos hacen uso de una serie de instrumentos heredados y adquiridos por medio de la calificación y el adiestramiento, de la educación y la cultura.
Así, el conocimiento científico es entendido como una práctica sistemática consistente en la construcción de conceptos, de relaciones entre conceptos y modelos de análisis en donde se confrontan los hechos observados con la idea de lo que se busca conocer: al establecerse una intencionalidad, el hecho se convierte en dato de observación, en objeto de estudio, esto es, en algo que puede ser comparado y agregado a series de datos organizados bajo la forma de indicadores y conceptos.
El resultado de estas tareas son explicaciones acerca de sectores de la realidad, a partir de aplicar y llenar de contenido categorías generales como son las situaciones, posiciones, estructuras, procesos, funciones, sistemas, ambientes, etc., que integran, dan coherencia y ponen en relación con conjuntos organizados a los datos de la observación. Esta articulación de conceptos, categorías y modelos analíticos son los instrumentos con los que el estudioso se podrá guiar en la práctica de la investigación sistemática.
Desde este punto de vista la realidad debe de ser entendido como el campo de encuentro o de unificación de determinadas técnicas de investigación, el campo objetivo al cual hacen referencia tanto los diferentes modos de percepción común, como los diferentes modos de observación científica, y puede ser determinada, en cualquier fase del desarrollo cultural de la humanidad, como la esfera de los objetos posibles de referencia de las técnicas de observación e intervención que la humanidad posee.
2. Procesos y Sistemas
La realidad social es el conjunto de acciones, relaciones, organizaciones, normas, creencias, usos y costumbres que regulan y determinan la vida de los individuos, tengan o no conciencia de ello los mismos individuos. Estas prácticas y conductas son las que hacen posible la satisfacción de las necesidades, desde las más inmediatas (alimentación, vestido, habitación, educación, ingreso económico, seguridad social) hasta las más complejas y elaboradas (información, libertades sociales, políticas, culturales y de expresión científica, artística y uso del tiempo libre). Hacen posible la vida en colectividad, en comunidad, la vida social, esto es, la forma específica en que existe el individuo considerado como género: el hombre y la mujer.
El estudio de la realidad social parte de dos preguntas fundamentales: 1) ¿qué es lo que mantiene unidas a las colectividades?, 2) ¿qué es lo que hace que cambien? y toma en cuenta dos dimensiones analíticas: espacio y tiempo. La primera, que llamamos de los sistemas sociales, estudia las colectividades en su configuración: nosotros y ellos, conductas interactuando en interdependencia, jugando papeles y cumpliendo funciones dentro de determinados límites: micro, medio, macro. La segunda considera a las colectividades como resultado de la coexistencia de prácticas y procesos históricos estudiados mediante diferentes usos del tiempo. En su desarrollo: antes, ahora y después; en su duración: corto, mediano y largo plazo.
En el lenguaje de las ciencias sociales al plano espacial de los sistemas sociales se le llama sincrónico, mientras que al plano temporal histórico de los procesos sociales se le llama diacrónico. Estos conceptos, diacronía y sincronía, fueron construidos desde la lingüística y rápidamente fueron adoptados por las distintas disciplinas sociales. En este trabajo ambos planos son nombrados también con los términos sistemas y procesos.
Figura I. Esquema analítico de la acción social
Para los individuos y las colectividades, las interacciones que llamamos el presente se realizan en un permanente transcurrir entre el pasado y el futuro, seamos o no conscientes de esto. Lo que nosotros somos actualmente, esto es, el conjunto de habilidades, de maneras de relacionarnos con los demás, de entender nuestro papel en el mundo, de adquirir un sentido de la vida y proyectarlo hacia el futuro, es resultado de una serie de hechos, eventos, obras, que constituyen circunstancias, de las cuales somos producto y a la vez productores, significa partir de la dado, de lo anterior, de lo acumulado, y apropiárselo, individual y colectivamente, para transformarlo en algo nuevo, en nuevas obras, relaciones, que determinaran a generaciones futuras que a su vez partirán de las circunstancias heredadas por nuestra generación y por las que nos precedieron.
El enfoque diacrónico-histórico estudia los procesos sociales en la interrelación de distintos niveles del acontecer organizado en distintas duraciones. En primer lugar, tenemos las estructuras o procesos de larga duración en las relaciones comunitarias, económicas y de gobierno, estudiadas como conjuntos de vínculos formalizados en relaciones de parentesco, vecindad, religión, lengua, historia, mercado, estado, nación. La larga duración opera mediante reglas de funcionamiento para colectividades construidas como instituciones. Por ejemplo, la más antigua, la familia patriarcal. Le llamamos estructuras, utilizando un término que viene de la arquitectura, porque constituyen el basamento, las partes más solidas que soportan el edificio social, y como dice Braudel, constituyen los límites que condicionan y determinan la acción social, qué es posible hacer y que no, dados los arreglos estructurales básicos entre los actores componentes de los sistemas sociales.
Según afirma Braudel, "los observadores de lo social entienden por estructura una organización, una coherencia, unas relaciones suficientemente fijas entre realidades y masas sociales. Para nosotros, los historiadores, una estructura es indudablemente un ensamblaje, una arquitectura; pero, más aún, una realidad que el tiempo tarda enormemente en desgastar y en transportar. Ciertas estructuras están dotadas de tan larga vida que se convierten en elementos estables de una infinidad de generaciones: obstruyen la historia, la entorpecen y, por tanto, determinan su transcurrir. Otras por el contrario se desintegran más rápidamente. Pero todas ellas constituyen, al mismo tiempo, sostenes y obstáculos. En tanto que obstáculos, se presentan como límites (envolventes en sentido matemático) de los que el hombre y sus experiencias no pueden emanciparse". Estas estructuras tienen que ver, según el mismo autor, con los marcos geográficos y el ambiente natural, con los límites de la productividad, las coacciones espirituales y morales, y los encuadramientos mentales y políticos, los cuales se organizan en estructuras históricas de distinta duración.
Llamamos coyuntura a un momento de crisis en los arreglos estructurales que sostienen a las colectividades, desde las más pequeñas (la familia: divorcio, separación) hasta las más grandes (el Estado Nación: guerra, revolución), abriéndose un periodo en donde se negocian (se imponen) las condiciones de un nuevo arreglo estructural. Estos procesos económicos y políticos se desarrollan en lo que podemos denominar el tiempo medio, que puede consistir en días o en años, tiempo en el que los acuerdos básicos de una colectividad se renegocian como resultado de cambios drásticos en la relación de fuerzas. Se trata del tiempo de las generaciones, las etapas y los periodos. Una coyuntura es producida por series de acontecimientos extraordinarios que aceleran situaciones que ya estaban maduras o que exigían un cambio.
Las acciones que rompen y pueden modificar de manera importante la rutina de las prácticas individuales y colectivas les llamamos los acontecimientos. Son acciones que tienen consecuencias en las conductas y acuerdos básicos de una colectividad, y que aparecen en un momento determinado o tiempo corto que corresponde a nuestra experiencia de vida, el tiempo de los individuos, en la superficie. 2
Figura II. Usos del tiempo
El elemento que permite el establecimiento de toda relación significativa entre los individuos, lo llamamos acción social. Según Weber, la acción es toda "... conducta humana (bien consista en un hacer externo o interno, ya en un omitir o permitir) siempre que el sujeto o los sujetos de la acción enlacen a ella un sentido subjetivo. La 'acción social', por tanto, es una acción en donde el sentido mentado por el sujeto o los sujetos está referido a la conducta de otros, orientándose por esta en su desarrollo" 3.
Actuar es representar un papel: lo que el sujeto lleva a cabo en sus relaciones con los otros. El concepto de papel o rol se refiere a unidades de conducta recurrentes, regularizadas y que están orientadas hacia la conducta y expectativas de otros actores. Estos otros, que esperan cosas de nosotros, también están desempeñando roles, papeles: nosotros esperamos que hagan cosas en cierta forma y que se abstengan de hacer y sentir cosas en otras formas. Los roles son componentes estructurales porque se construyen en la repetición lenta, constante, por ejemplo, los sistemas de roles de más larga duración: masculino-femenino, la familia patriarcal.
A cada rol o papel corresponde a una determinada posición dentro de un sistema. Cada posición en un sistema tiene vinculados a ella, en medida variable, derechos, compensaciones, privilegios, recursos sociales, cosas positivamente valoradas o ambicionadas en una sociedad (riqueza, propiedad, poder, influencia, prestigio) que se atribuyen o de alguna manera confluyen en determinada posición. Llamamos estatus al aspecto atributivo o dispensador de una posición social (el prestigio social de una persona en su grupo o del grupo en la comunidad o en la consideración pública), mientras que el papel o rol es el prescriptivo (deberes, obligaciones, normas de comportamiento).
Así se construyen las situaciones interpersonales, los sistemas de vínculos y los conjuntos de roles que se mantienen por la expectativa, la aprobación y la desaprobación recíproca, y las reglas y normas que provienen de los individuos que ocupan las posiciones vinculadas con la del sujeto. Para que cualquier conjunto de actores individuales o colectivos pueda ser estudiado como un sistema social, es necesario que las interacciones específicas entre los componentes que se examinan sean más intensas, o de naturaleza distinta, respecto de las interacciones de los mismos componentes con otros; estas últimas serán entonces consideradas como elementos del ambiente o contexto del sistema social en cuestión, esto es, lo que se coloca externamente al sistema y que respecto a éste representa mayor grado de complejidad. 4
La definición del sistema como unidad de estudio, puede ir de los grupos "cara a cara", cuyos componentes son los actores que interactúan en roles individuales (plano micro); a las organizaciones cuyas unidades de acción son los grupos (plano medio); a las sociedades nacionales que integran a grandes organizaciones (plano macro); hasta los grandes agregados sociales del "sistema-mundo" como los estados nacionales, los organismos multilaterales y las empresas trasnacionales (plano global).
Los actores que interactúan participan en otros sistemas sociales, por lo tanto, lo que se evalúa y jerarquiza en cada sistema social son los roles y estatus concretamente involucrados, no los actores como individuos. Un individuo puede jugar distintos papeles o roles según los grupos, las instituciones y las posiciones en las que participe, al mismo tiempo que un papel o rol puede ser desempeñado indistintamente por diferentes individuos. Estas interacciones recurrentes forman patrones de conducta mutuamente orientada, interacciones recurrentes integradas como sistemas de expectativas estructuradas que se organizan en normas y valores que determinan el tipo de arreglos o acuerdos para alcanzar los fines comunes dentro de una determinada situación, esto es, las series de acontecimientos que contienen las cosas que el actor no puede controlar (condiciones) y las que si puede controlar (medios), y de la cual depende (lo sepa o no el actor) la posibilidad concreta de alcanzar un objetivo. 5
Las funciones estratégicas para el mantenimiento y reproducción de una colectividad son consideradas, para su estudio, como sistemas de acción. La unidad básica del análisis es siempre un sistema o conjunto de sistemas interconectados. Cuando el investigador establece una unidad de estudio o sistema determinado, los otros sistemas que interactúan con él serán considerados como parte del ambiente o situación. Así el proceso de estudio va de la definición de la unidad a la elaboración de su "ambiente".
Lo que permite que un conjunto de roles o papeles actúen para la realización de un fin común es el acuerdo o contrato entre los integrantes. Este acuerdo se establece por medio de la fuerza y el sometimiento, de la costumbre y la tradición, del convencimiento racional, o por una combinación de todas. Sea cualesquiera la causa que logra el acuerdo que formaliza un determinado vínculo social, la normatividad define y establece derechos y deberes, sanciones y recompensas, calificaciones y atribuciones, para todos y cada uno de los papeles en juego. Esta reglamentación (codificación), que puede ser explícita - formal (norma jurídica) o implícita - informal (usos y costumbres), permite que las funciones específicas necesarias para la existencia de la institución se puedan cumplir con indiferencia de los individuos y colectividades que ocupen los papeles y posiciones.
Una institución es, por tanto, un conjunto de papeles o roles formalizados, reglamentados y correlacionados entre sí. Estas instituciones existen porque cumplen una función socialmente relevante o estratégica. Y operan en un repetir constante, lento, que establece rutinas, posiciones, usos, costumbres que se convierten en prácticas y conductas consolidadas, modos de proceder establecidos, valores y normas compartidas y respetadas por los integrantes de la institución, y que regulan el comportamiento y la acción individual y colectiva tanto hacia adentro como hacia afuera del conjunto considerado. 6
Esto significa que toda institución se forma y opera a partir de un acuerdo en el que los actores participantes aceptan ceder mutuamente en sus expectativas a partir de un cálculo de pérdidas y ganancias que se deriva de una valoración del equilibrio de fuerzas. Siempre habrá alguien que cede más que el otro, en la relación amorosa, en la relación escolar, en la relación laboral. Por tanto, todo acuerdo que institucionaliza la relación está construido sobre un desacuerdo que se expresa en un malestar latente. Así, el conflicto (la anomia) es inherente a toda institución.
Para que la institución, en el plano micro o en el macro, pueda cumplir las funciones que le dan sentido y justifican su existencia, debe negociar el conflicto latente en su interior estableciendo compromisos traducidos en reglas en torno a los fines, medios y expectativas compartidas parcialmente por los actores participantes. Los arreglos operan en tanto se mantenga un determinado equilibrio de fuerzas. Si este se modifica, se abre una coyuntura en la que habrá que volver a negociar los acuerdos y las reglas. La situación extrema es la extinción de la relación, por la vía de la expulsión de alguno de los actores o por la desaparición del vínculo de la institución.
Toda institución opera en un equilibrio entre dos extremos. Por una parte, lo que tiende a la plena colaboración, a la permanencia y el orden reglamentado, y constituye uno de los extremos teóricos, o tipo ideal dentro de un continuo cuyo extremo opuesto sería el polo no cooperativo, cambiante y conflictivo, aquel donde los "patrones de valores" no son compartidos ni se cumplen las expectativas. Esto significa que en todos los casos la institucionalización opera dentro de una escala de grados. 7
Se entiende por función la contribución particular, objetivamente proporcionada por un proceso o componente estructural, (por ejemplo un papel, una institución, una norma, un grupo ó, o más específicamente, un patrón de acción social, una conducta) al mantenimiento o a la consecución de un estado específico de un determinado sistema social o de una parte o un subsistema de este. Mientras que las funciones se refieren a las consecuencias de los patrones de acción, las estructuras se refieren a los propios patrones de acción y a las instituciones resultantes del sistema. En consecuencia, en un sistema dado hay varios arreglos estructurales que ejecutan las funciones. 8
Es importante distinguir entre funciones, que son las consecuencias observadas que favorecen la adaptación o ajuste de un sistema dado, y disfunciones, que son las consecuencias observadas que aminoran o impiden la adaptación o ajuste del sistema. Otra distinción importante es la que separa a las funciones manifiestas de las latentes: las variables claves de esta distinción son las de intención y reconocimiento. Una función manifiesta se refiere a patrones de acción o conductas o prácticas cuyas consecuencias los participantes intentan y reconocen a la vez, mientras que la función latente implica patrones cuyas consecuencias los participantes no intentan ni reconocen, siendo estas últimas las más importantes de estudiar, ya que mientras las primeras son nítidas y reconocibles, las segundas son borrosas y muy complejas.
En sociología el enfoque estructural-funcional estudia los fenómenos sociales como operaciones o efectos de estructuras sociales específicas, tales como los sistemas de parentesco o los de clases. 9 Durkheim nos plantea: "Cuando nos proponemos explicar un fenómeno social (...) lo que debemos determinar es si existe una correspondencia entre el hecho considerado y las necesidades generales del organismo social y en que consiste esa correspondencia, sin preocuparse por saber si ha sido intencional o no". 10
Los problemas funcionales fundamentales para la supervivencia y reproducción de un sistema en general son, de acuerdo con Parsons, los siguientes: el "adaptativo" (hacia el exterior); el "integrativo" (nexos entre los subsistemas constituyentes); el del "logro de objetivos" (vinculo entre motivaciones subjetivas y fines del sistema); y el del "mantenimiento del esquema latente de valores" (del cual dependen la unidad y la constancia en el tiempo del sistema). Independientemente de cómo las nombremos, en todas las sociedades estas funciones siempre aparecen, aunque en formas distintas, en combinatorias específicas y con distinto grado de diferenciación y especialización, y pueden ser observadas bajo la forma de organizaciones pautadas normativamente, como son los sistemas económicos, culturales, comunitarios y políticos. 11
Figura III. Sistemas de acción social
3. Socialización
En las comunidades agrarias menos desarrolladas, las funciones básicas para la sobrevivencia del grupo son realizadas por una misma organización: la familia. Son sociedades "autosuficientes" en el sentido económico, social y político. Así, un individuo dentro de la familia, realiza actividades productivas relacionadas con la agricultura y la caza, se encarga de la educación y adiestramiento de los miembros más jóvenes de su familia preparándolos para su integración a la vida económica y social de la comunidad, Al mismo tiempo realiza actividades relacionadas con la administración y realización de los ritos mágicos propiciatorios de condiciones favorables para la realización de las actividades económicas (caza, agricultura), y la prescripción y elaboración de remedios para enfrentar la enfermedad mediante el conocimiento de las propiedades curativas de algunas plantas o elementos naturales. También su papel de cabeza de familia lo hace ser miembro del organismo (clan) que junto con los demás jefes de familia se encarga de tomar las decisiones políticas fundamentales en la comunidad; al mismo tiempo puede y debe también cumplir un papel importante de dirección en las actividades militares de defensa y expansión de la comunidad. Una sola persona juega distintos papeles que significan funciones necesarias para la sobrevivencia y reproducción del grupo o comunidad.
En las modernas sociedades industriales con su mayor complejidad y autonomía de estructuras, estas funciones siguen siendo fundamentales para la existencia social, solo que en este caso, la familia es solo una organización más con relación a muchas otras, y para sobrevivir tiene que interactuar en sistemas donde las funciones se hallan claramente diferenciadas y a cargo de organismos especializados: las empresas que realizan la mayor parte de las actividades relacionadas con la economía; las escuelas se encargan de la educación y adiestramiento de las jóvenes generaciones; las iglesias se encargan de la administración del culto religioso; los hospitales que se encargan de los problemas relacionados con la salud y la enfermedad; los organismos de gobierno son los encargados de la administración pública de la sociedad; las corporaciones militares y políticas tienen a su cargo las actividades relacionadas con el ejercicio de la violencia legítima.
La idea de constante cambio e innovación solo es característica del mundo moderno, industrial y urbano, de los últimos dos siglos, ya que anteriormente los cambios, las innovaciones, se desarrollan en periodos mucho más largos. Baste con pensar que de la aparición del homo erectus a las primeras utilizaciones del fuego hubieron de pasar más de un millón de años; y de ahí a la aparición de las primeras comunidades agrícolas casi ochocientos mil años; y de ahí a la aparición de las primeras ciudades-estado casi cuatro mil años; y de ahí al primer alfabeto manuscrito dos mil quinientos años más.
Si esto lo comparamos con las transformaciones ocurridas durante el siglo XX, en lo relativo a la utilización de diversas fuentes energéticas como el petróleo, la electricidad, la fusión nuclear, o con la revolución informática de los últimos 25 años provocada por la generalización de la computadora personal, los dispositivos móviles y las redes multimedia, podríamos pensar que en los habitantes de las comunidades agrarias primitivas la idea de cambio e innovación no existía. Sin embargo, en la práctica cotidiana de esos individuos recolectores, cazadores y campesinos se estaba dando un lento proceso de acumulación de mejoras en las técnicas y usos, en la calificación y el adiestramiento, en el crecimiento y composición poblacional, en la organización de las prácticas y en la modificación del ambiente natural que, transmitido entre las generaciones, permitió el posterior desarrollo del artesanado urbano, del comercio y de las profesiones no manuales en las ciudades.
El desarrollo del uso del fuego, de la agricultura y la creación de la ciudad, las religiones complejas, el lenguaje, el derecho y la filosofía, tiene consecuencias que forman parte de nuestro entender y actuar en la realidad contemporánea, de la misma manera que los tiene el cambio energético y la comunicación digital de nuestra era. Esta herencia viva y actuante, esta permanente mezcla entre lo arcaico y lo novedoso, entre lo tradicional y lo moderno, entre lo esencial y lo accesorio, es lo que constituye nuestra realidad, y es lo que la hace histórica.
El concepto de cultura indica el producto de la formación del hombre, de su mejoramiento y perfeccionamiento, esto es, el conjunto de los modos de vivir y de pensar cultivados, pulimentados, elaborados, aprendidos y transmitidos por una generación a otra, entre los miembros de una sociedad particular y en las instituciones que la definen. 12. En este sentido, la cultura no es la formación del individuo en su humanidad o en su madurez espiritual, sino en la formación colectiva y anónima de un grupo social.
La cultura debe ser entendida como un ambiente artificial o secundario, absolutamente esencial para la supervivencia y que se compone de los útiles y bienes de consumo que son artefactos, objetos físicos, instrumentos (cultura material); de categorías concretas de actividades humanas (procedimientos y costumbres); y de las normas institucionales y creencias de los diversos grupos sociales. La cultura es el aspecto de la conducta que el individuo aprende, y por eso el que en mayor o menor grado pueda ser compartida por una pluralidad de individuos y transmitida a otros individuos junto con los objetos físicos asociados a esas pautas de conducta y a esas actividades aprendidas. 13
Esta experiencia vital de adaptación a las condiciones heredadas se realiza dentro de las instituciones, en un proceso que las ciencias sociales han llamado "socialización". Se trata de una serie de aprendizajes de las prescripciones correspondientes a los papeles desempeñados y en virtud de las cuales el individuo es capaz de actuar y pensar de conformidad con los valores y las normas dominantes en la sociedad, y más específicamente, del sector social del que forman parte: clase social, estrato, nacionalidad, grupo religioso, grupo étnico, etcétera. Por esto la socialización no sólo se realiza de manera desigual entre las diferentes capas sociales, sino que su dinámica misma tiende a la reproducción de esta desigualdad y de las relaciones de fuerza que la sustentan.
La socialización se inicia con los acontecimientos ocurridos durante los primeros años de la vida de los individuos, donde se construyen motivaciones profundas y duraderas, factores determinantes de la conducta, que pueden o no permanecer en estado latente hasta la vida adulta, en donde en algunos casos se excitan y descontrolan y se convierten en problemas de neurosis o de otro tipo cuya génesis se refiere a experiencias vividas en la infancia. La supervivencia de las motivaciones infantiles tiene que ver con la reducción o represión del amplísimo rango de potencialidades que el individuo posee en el momento de su nacimiento, para adaptarlo a los códigos morales de la sociedad o del grupo o colectividad de la que se forma parte, por medio de combinaciones de roles y prácticas organizadas para la realización de funciones específicas necesarias en el mantenimiento y reproducción de las relaciones sociales.
Estos prácticas las conocemos con el nombre de parentesco, religión, política, economía, educación, el arte, la técnica, la milicia, la organización del tiempo libre, etcétera, y constituyen cada uno conjuntos de roles o papeles sociales organizados que el individuo debe internalizar para ser reconocido como un actor o persona (del latín personae que significa "máscara") que desempeña distintos roles o papeles orientados por la expectativa, la aprobación y desaprobación recíproca de otras personas-actores que también desempeñan papeles o roles organizados dentro de marcos institucionales.
Los roles que una persona desempeña integran un segmento de su conducta total con un segmento de la conducta de otros, formando así organizaciones y redes sociales. Cuando hablamos de la persona o la personalidad, nos estamos refiriendo al individuo como actor de roles.
La internalización de los roles sociales organizados permite a las personas-actores adquirir concepciones del mundo y valores compartidos que se traducen en pautas de conducta socialmente aceptadas y necesarias para su integración a la vida de la colectividad. Estos roles organizados existen con anterioridad a la integración de los individuos a las instituciones y se han formado a partir de la repetición en el tiempo de rutinas, procedimientos y preferencias, en la mayoría de los casos a través de sucesivas generaciones, lo que significa que el individuo debe aceptar y aprender las características que cada rol institucional requiere, pues de otra manera no podrá desempeñarlo y será excluido.
Las cualidades requeridas para el desempeño de los roles se forman a través de un proceso que va de la familia al sistema escolar y a las situaciones y condiciones que permiten la utilización creativa del tiempo y el acceso a los bienes económicos, culturales y tecnológicos.
Los individuos pueden actuar distintos roles sociales, entre más sean, mayor será su integración social. Una persona puede jugar los papeles de padre o madre de familia (y de hijo o hija), estudiante en una institución educativa, empleado(a) en una empresa, integrante de una organización sindica o comité cívico, simpatizante o adherente de un partido político, practicante de algún credo religioso, socio de algún club social o deportivo, etcétera. Cada uno de estos roles establece formas específicas de vinculación con la sociedad global. La ausencia de estas vinculaciones implica una situación de exclusión o marginalidad, por ejemplo, el niño de la calle o el desempleado permanente, que son situaciones extremas de una socialización que se realiza de manera desigual entre las diferentes capas sociales.
Familia
La familia aparece como la primera unidad socializadora, proveedora de un marco de referencia normativo, de un conjunto de prescripciones y prohibiciones integrados en la función reguladora de las relaciones sexuales; y de la necesaria provisión de afecto y servicios básicos para la supervivencia. Es ahí también donde se transmiten inicialmente las creencias no empíricas que tratan problemas de la acción humana, del bien y del mal, de la vida y de la muerte, y cuya aceptación implica formar parte de una ética social con normas obligatorias. 14
Según Levy-Straus el primer acto que rompe con las reglas de la naturaleza, la regla fundadora de un nuevo ámbito llamado cultura, lo constituye la prohibición del incesto, primero de la madre y los hijos con el fin de imponer la autoridad del padre, y después el padre, convirtiendo a las hijas en medio de intercambio y alianza. 15
De ahí la importancia de la virginidad para garantizar el acuerdo del parentesco consanguíneo entre familias o grupos ya que permite la aplicación de un conjunto de reglas y roles para la realización de las funciones básicas de sobrevivencia y crecimiento de colectividades y grupos de parentesco en la comunidad agraria primitiva: clan, tribu, horda y finalmente la ciudad / federación de tribus.
El acuerdo, la institución originaria básica desde el origen de los tiempos hasta la fecha, es la familia patriarcal. El control sobre la reproducción biológica, la reglamentación del uso del cuerpo destinado a la procreación le es arrebatado a la mujer y mutilada a ambos la segunda función, el principio de placer en la cópula, la liberación de energía contenida. El placer sexual es expulsado de la familia y prohibido en la mujer, mientras que al hombre se le ofrece prostitución y homosexualidad. "El amor placentero solo es logrado entre iguales", decían las élites de la Grecia clásica, refiriéndose a los hombres nativos libres. Eso no se encontraba en casa. Con el triunfo de las religiones monoteístas se imponen códigos sexuales más rígidos que mantienen e incrementan el control y exclusión patriarcal, al tiempo que le añaden, por lo menos en occidente, la hipocresía y la doble moral.
Será hasta el siglo XX que se vive la gran impugnación del rol con los cambios en el papel de la mujer a partir de su inserción en el mercado de trabajo y la popularización de los procedimientos anticonceptivos. Y el siglo XXI es una explosión de las identidades sexuales. Pero estos grandes cambios en la moral sexual y social han tenido su contraparte en una gran reacción conservadora, y la oposición entre ambas visiones del mundo divide a las sociedades contemporáneas, ricas y pobres, y define las posiciones políticas en juego. Además del grave incremento de las patologías sexuales: violación (dentro y fuera del hogar), violencia contra las mujeres, prostitución infantil.
Religión
Las religiones explican que el sentido y los límites de la vida individual ya están escritos de antemano por una "providencia", fuerza que guía las acciones independientemente de la voluntad de los individuos y que determina el éxito o el fracaso de las actividades emprendidas. De ahí la necesidad de fortalecer la posición por medio de amuletos, talismanes, imágenes, oraciones, rituales y actividades diversas a las que se les atribuye poderes capaces de modificar favorablemente el entorno en el que se realiza alguna acción, o de proteger al individuo de condiciones negativas que pueden ser evitadas mediante la adecuación de la conducta al conjunto de principios (el camino recto o el buen camino) aceptados por una comunidad y establecidos como absolutos, y cuya observancia será premiada con el éxito. En contraparte el abandono de los mismos principios (las acciones proscritas, el "pecado" o el tabú) será sancionado por las fuerzas naturales, divinas y sociales con el fracaso, la culpa y la exclusión.
El objetivo inicial que da sentido a las religiones no es la explicación sistemática, sino dar alivio a la tensión, ansiedad o angustia provocada por un elemento crucial en la vida de los individuos: el miedo a la muerte. La presencia de estas fuerzas determinantes da lugar a un sentimiento de oposición entre lo que trasciende (lo infinito, Dios) y lo que perece (lo finito, el individuo). Las religiones resuelven esta contradicción por medio de la promesa de una vida infinita más allá de la muerte, en comunión con la divinidad, siempre y cuando la conducta se realice de acuerdo con las reglas y principios establecidos en el credo religioso. La importancia de esta promesa puede ser tan grande que proporciona consuelo y conformidad no sólo con relación al objetivo trascendental, sino fundamentalmente con relación a las condiciones materiales más adversas, el valle de lágrimas que sin embargo es un paso necesario o prueba sacrificial para alcanzar el paraíso prometido, pasando así a cumplir una función más terrenal de justificación a determinadas relaciones sociales construidas a partir de la exclusión y la desigualdad, pero aceptadas como parte del orden natural, divino, de las cosas, comenzando por la familia.
No en todas las religiones la satisfacción personal se pospone hasta el objetivo trascendental y de largo plazo. La reforma protestante dio lugar a una nueva ética (puritanismo) en donde el éxito material individual constituye la mejor prueba de una conducta recta y apegada a principios rigurosos: el ahorro, la inversión, la disciplina en el trabajo, el desprecio a los placeres mundanos característicos de las viejas aristocracias terratenientes. 16 Esto significó un cambio en la concepción del mundo que acompañó el paso de las economías autárquicas predominantes en las sociedades pre-capitalistas a las economías basadas en el intercambio generalizado. A las sociedades estamentales rígidamente jerarquizadas del medioevo europeo sucedieron una serie de convulsiones sociales animadas por un nuevo credo libertario: libertad de comercio, de tránsito, de creencias religiosas y, finalmente en los siglos XVIII y XIX, las libertades políticas.
Los éxitos logrados en el crecimiento material de las economías de la Europa Occidental (incluyendo a los Estados Unidos de América), permitieron el surgimiento de una nueva visión religiosa "laica" y urbana en la que la antigua providencia campesina es sustituida por "la mano invisible" del mercado que provee al individuo industrioso y aplicado de premios y compensaciones en el corto plazo. Se trata de nuevos símbolos que justifican y ensalzan un éxito económico sin precedentes, al mismo tiempo que ocultan el contenido real de las relaciones sociales que lo sustentan: la explotación de los trabajadores agrarios y urbanos en los países coloniales y en las metrópolis industriales. La omnipotencia de los viejos dioses es sustituida por la de los nuevos mercados en expansión, y el paraíso recobrado en la igualdad jurídica encubre y se monta sobre el infierno de la desigualdad social. 17
La vieja simbología religiosa debe de metamorfosearse y adaptarse a las nuevas condiciones para poder seguir cumpliendo con la función legitimadora de un orden de relaciones basado en la división y fragmentación de las categorías sociales. Esto significa que las promesas trascendentales siguen presentes como paliativos a la ansiedad de una mayoría de individuos excluidos de los disfrutes más elementales de la nueva civilización industrial. Y en el siglo XX estas promesas incumplidas adquieren un nuevo rostro: los totalitarismos fascistas, comunistas y teocráticos, en donde el sacrificio (incluyendo la muerte) se exige como compromiso consciente y destino manifiesto para las grandes masas de población en el logro de objetivos expresados en viejos y nuevos símbolos: la nación (el grupo étnico), el Estado y la unidad del poder político y religioso.
4. Producción
Desde el punto de vista sociológico, se habla del ambiente natural para referirnos a la naturaleza exterior, que puede definirse como el conjunto de factores físicos, químicos y biológicos de los que depende la existencia del hombre en cuanto organismo vivo. La relación entre tales factores y los organismos humanos es mediada en diversas formas por la organización social, la economía, la política y la cultura. La sociología intenta captar las implicaciones de esto para los organismos sociales y para el ambiente natural. La mediación es entendida por la sociología como adaptación, esto es, como una relación dinámica de intercambio, en grados mayores o menores, entre una colectividad y su ambiente natural.
La adaptación al ambiente implica la construcción de la colectividad como organización y por lo tanto como posibilidad de sobrevivencia de los individuos que la forman. Esto permite también que la colectividad pueda sobrevivirlos a ellos. La adaptación consiste, en sus aspectos más generales, en un ciclo que parte de la transformación de la naturaleza por medio de una serie organizada de acciones específicas para la elaboración de bienes materiales con determinadas características o cualidades que representan valores para ser usados y consumidos para satisfacer una necesidad material, real, específica.
Las acciones repetidas en el tiempo, en ciclos, forman conductas o prácticas interactuando en redes. Este repetir permite un equilibrio o estabilidad dentro de la colectividad, que al mismo tiempo es posibilidad de mejoría, por lo pronto de crecimiento demográfico. Las necesidades se hacen más elaboradas y las organizaciones más complejas. Se crean nuevas necesidades, en principio la necesidad de producir nuevos bienes materiales, y con ello, nuevos bienes organizativos (cambios en las costumbres, tradiciones, especialidades, jerarquías) e intelectuales (cambios en los conocimientos, usos, técnicas) necesarios para la satisfacción de aquellas.
El ciclo productivo se compone entonces de necesidad (vida, reproducción, proyección), trabajo (útil, concreto, diferenciado, material e intelectual) - producto o bien producido (naturaleza transformada, metabolismo social) - valor de uso (cualidades que permiten la utilización del producto) - consumo (satisfacción de la necesidad que origina la producción) - nueva producción - nuevo consumo - nuevas necesidades. 18
A este ciclo productivo se le antepone un ciclo de creación de valor, en donde los productos interesan menos por su valor de uso, de consumo material, que por su valor de cambio expresado en precios y salarios. No es el consumo el que determina la calidad y cantidad de la producción, sino el mercado y sus agentes intermediarios. Esta prevalencia o "subsunción" del producto en el valor es lo que llamamos la forma mercancía del producto o bien producido, y que ya la encontrábamos de manera importante en las ciudades estado fenicias, etruscas y griegas en la cuenca mediterránea, por no hablar de las rutas ancestrales del comercio en el Ganges, Indo, Tigris, Éufrates y el Nilo. Será hasta el desarrollo del capitalismo que la forma mercancía se imponga como absolutamente predominante en las metrópolis industriales y poco a poco en el resto del mundo.
Figura IV. Forma mercancía del producto o bien producido
La organización de los trabajos individuales en procesos productivos permite una estabilización de las condiciones generales de vida de la población involucrada, dotando a sus relaciones de mayor cohesión y permanencia, haciéndolas relativamente duraderas, con normas explícitas y orientadas racionalmente a la consecución de un objetivo.
Vistas en la larga duración de la historia, las prácticas individuales dentro de las comunidades agrarias se hacen lentamente más especializadas y algunas de ellas adquieren preeminencia e incluso establecen y modifican las condiciones de la propiedad comunal o comunitaria. Tal es el caso de las actividades relacionadas con la administración de los ritos del culto religioso, o las referidas a la organización y puesta en práctica de las acciones de defensa y gobierno, actividades que evolucionan hasta convertirse en categorías profesionales: del brujo al sacerdote, y del caudillo militar al aristócrata terrateniente y gobernante. Estas categorías profesionales se convierten a su vez en organizaciones (instituciones) estables y de ejercicio de la autoridad: clan, linaje, dinastía: aristocracia y sacerdocio.
Es la ley del más fuerte revestida de atributos mágicos y morales sustentados en la sabiduría del anciano-brujo y en el control militar sobre sobre la propiedad de la tierra, convertida en tradición de señorío y servidumbre. Las posiciones sociales dirigentes se convierten en clases sociales dominantes, cuya existencia suntuaria, urgida de símbolos de poder (privilegios, templos y palacios), depende del consumo de un excedente necesariamente mayor, obtenido por medio de la imposición obligatoria de un mayor rendimiento en las labores agrícolas y artesanales, de las imposiciones fiscales (tributos y contribuciones en especie), y la movilización forzosa de la población para las obras de infraestructura o de expansión militar.
El consumo se hace totalmente diferenciado entre los grupos dominantes y los grupos dominados, porque la apropiación del excedente se ejerce de manera unilateral, excluyente. Para que esto se mantenga y pueda desarrollarse, es necesario que las necesidades básicas de las categorías laborales subordinadas (campesinos y artesanos) sean mejoradas hasta un cierto nivel históricamente condicionado. Esto se logra fundamentalmente por la conquista militar y la expoliación violenta de otros grupos y comunidades sociales en beneficio de la comunidad dominante.
La ciudad monárquica se expande y tiende a convertirse en imperio. Solo así puede extenderse en el tiempo la existencia de un modelo organizativo construido en torno a una tradición que regula la propiedad como condicional, sujeta a un contrato aristocrático de prestación de servicios, de señorío y servidumbre, de posesión y autoridad, en toda la escala jerárquica que va del campesino hasta el rey-sacerdote-emperador.
El crecimiento de las economías de mercado impulsa a las técnicas, que son conjuntos más o menos codificados de normas y modos de proceder, reconocidos por una colectividad, transmitidos o transmisibles por aprendizaje, y elaborados con el objeto de desarrollar una actividad determinada, manual o intelectual, de carácter recurrente, así como los modos de proceder y los instrumentos comúnmente usados por cierta población para alcanzar ese objetivo.
Toda técnica representa en alguna medida el resultado de un largo e intrincado proceso de adaptación a condiciones específicas del ambiente natural y social. La tecnología se diferencia de las técnicas (aunque las incluye) en que supone una aplicación sistemática de conocimientos científicos avanzados, con referencia a un determinado nivel de desarrollo económico y sociocultural, a fin de alcanzar de manera eficiente y uniforme determinados resultados prácticos en la esfera de la industria, el comercio, los transportes, las comunicaciones, los servicios, la educación, etcétera, implicando una racionalización por esa vía del esfuerzo laboral, y de la relación hombre/naturaleza o sistema/ambiente natural.
En el mundo actual, esta racionalización se realiza cada vez en mayor medida, por medio de lo que conocemos como procesos de automatización, que tienen que ver con diversas situaciones en las que, especialmente en la industria pero no solamente en ella, el trabajo humano es sustituido, en sus aspectos físicos o intelectuales, por máquinas o procedimientos mecánicos, hidráulicos, neumáticos, eléctricos y electrónicos, aptos para desarrollar secuencias de operaciones más o menos largas y complejas bajo el control de aparatos eléctricos o electrónicos de diversa naturaleza y complejidad, que dan lugar a procesos de racionalización de las actividades cada vez más elaborados e integrados.
Notas
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Braudel, F. La historia y las ciencias sociales. Alianza Editorial. México 1992. pp. 70 y ss.
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Weber, M. Economía y Sociedad. FCE. México 1969. Tomo I. p. 5.
-
Parsons, T. Ob. Cit. Capítulo 7. Easton, D. Ob. Cit., pp. 145-163.
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Rex, J. El conflicto social. S. XXI. Madrid 1985. Capítulo 1.
-
Merton, R.K. Teoría y estructura sociales. FCE. México 1984. pp. 92-160.
-
Buckley, W. La sociología y la teoría moderna de los sistemas. pp. 13-68.
-
Durkheim, E. Las reglas del método sociológico. Varias ediciones. Capítulo V.
-
Abbagnano, N. Diccionario de filosofía. FCE. México 1974. pp. 278-282.
-
Parsons, T. "Malinowski y la teoría de los sistemas sociales". Ed. Cit. pp. 63-84.
-
Weber, M. La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Península. Barcelona 1973.
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Marx, K. "Sobre la cuestión judía", en La sagrada familia. Grijalvo. México 1967. pp. 16-44.